En México, las niñas bien tienen la costumbrita de decir, cuando se refieren a alguien, “Fulanita de tal, que es de mis mejores amigas, bla bla bla”. Después de conocer por algún tiempo a alguna(s) de estas niñas (como a ellas les gusta llamarse, independientemente de su edad), se da uno cuenta de que tienen decenas o cientos de mejores amigas. Además, sueltan la referencia de mejor amiga hasta para en el comentario menos relevante: “Sutana, una de mis mejores amigas, me llamó para ver si nos veíamos para comer el sábado”. No entiendo el afán en el énfasis de la calidad de la amistad cuando se está hablando de trivialidades. Entendería si dijeran “Perengana, una de mis mejores amigas, tiene un problema grande de dinero y me pidio prestado”, ahí sí amerita el indicar el grado de amigismo. Envidio su mundo, donde todos sus amigos son siempre los mejores (aunque, viéndolo con estricta lógica, al ser todas mejores, son todas iguales, y lo de “mejor” no aplica más; aun cuando sean todas excelentes amigas, por definición las mejores no pueden ser todas). (*)
Toda esta amargación que acabo de vomitar, fue sólo para curarme en salud cuando digo que Pi, la película del director Darren Aronofsky, sí es una de mis películas favoritas. Trata sobre matemáticas, migrañas y misticismo judío. En México, gracias a los talentosos que traducen los títulos de películas, se llamó “El orden del caos”. Para quien no la ha visto, aquí dejo el link del trailer.
Las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza.
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(*) Me encanta complicarme la vida.
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