Hace unos días me suscribí a Chess.com y he pasado muchas horas resolviendo problemas tácticos (a eso se deben los recientes posteos sobre ajedrez). Antes de haber creado mi cuenta, los problemas de ajedrez del periódico se me hacían muy confusos; no por su complejidad, sino porque no lograba focalizar el hilo del mate (o la ganancia material o posicional). Ahora, con el entrenador de tácticas de Chess.com le he agarrado la idea, además que hay que resolverlos contra el tiempo. Cada vez que uno resuelve un problema, suben los puntos de clasificación. Lo contrario sucede cuando no se logra resolverlo correctamente o a tiempo. Mi clasificación ha sido una montaña rusa. Sube, luego baja y luego vuelve a subir. La cuestión es que luego de varias horas de estar resolviendo problemas digo “sólo uno más”. Ese “uno más” se convierten de decenas. Me cuesta mucho trabajo dejarlos y por lo mismo no busqué una liga para el posteo de hoy. Tuve que escribir algo de la nada (con lo que me cuesta escribir).
Aprendí a jugar ajedrez cuando tenía unos cinco años. Mi papá me enseñó y me prestó un libro con las partidas de Fischer y Spassky. Pasé horas reproduciendo los juegos sobre mi tablero. No hacía mucho análisis, pero me parecía mágico poder volver a pasar por los movimientos de partidas que sucedieron en el pasado y en algún otro lugar. Después, en la escuela primaria, hubo un intento de torneo. Jugué para clasificar y representar a mi salón de clases. Como he acostumbrado durante años, perdí, pero la maestra que organizó todo y que era de ¡educación física! me dijo que a pesar de haber perdido, mis movimientos (de piezas, aclaro) le parecieron muy interesantes. Nunca pasó de ahí. El torneo no se concretó. Pero seguí jugando con amigos (los pocos que -primero- sabían y -segundo- les gustaba) y así jugando jugando durante los años, volví a meterme mucho al ajedrez en la universidad. Nada organizado. Eramos sólo tres amigos y jugábamos todo el tiempo entre clases. Ese era el problema. Jugando sólo entre nosotros tres no nos hacía mejorar, pero sí conseguimos una mención en el programa de radio de ajedrez de la universidad local (no la misma donde yo estudiaba). El director del programa llegó a comprar una medicina a la farmacia donde yo jugaba con una de los elementos del grupo de los tres (sus papás eran los dueños y ella a veces atendía por las tardes). Al hombre le dio curiosidad ver que jugábamos, nos hizo una pequeña entrevista improvisada y se fue. Creo que eso es lo más lejos a donde me ha llevado el ajedrez: a poner mi nombre en las ondas de radio. Gran logro.
Quiero aclarar que a pesar de que me gusta mucho el ajedrez, siempre he sido muy malo jugándolo (malísimo). Para muestra y vergüenza mía, dejo la liga a uno de los dos juegos que he jugado en Chess.com. Por andar cazando a una dama atrevida, descuidé a mi rey y caí en un mate básico por la diagonal. Había desarrollado mejor mis piezas y juraba que iba a ganar la partida y de repente me mataron al rey (se puede seguir la partida en su totalidad). Es un problema que tengo: me clavo mucho sólo en una parte del tablero y dejo de ver lo que sucede en otras áreas.
Como ven y como les advertí que soy muy malo (¡y la desvergüenza de presumirlo aquí!).
Link: Chess.com
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