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April 2010

La gente del mañana.

by hukes on April 26, 2010

Vaya. No aprendo. Una semana sin postear.

Gracias a Internet puedo ver cosas que pensé que nunca iba a ver de nuevo, sobre todo, cosas de mi niñez. Todavía no sabía leer y veía por televisión al Dr. Who y The Tomorrow People.

Ahora, con ojos de adulto, veo por qué estoy tan loco.

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webonauta.com no ha muerto.

by hukes on April 18, 2010

Lo sabía. ¡Lo sabía!

Una vez que dejo de postear por unos días y luego se me hace más fácil hacerlo de nuevo. Alguna vez comenté que el compromiso de tener a webonauta.com con por lo menos un posteo por día era importante. No por la información que pusiera, ni por las ligas, sino por mí. Y ustedes lectores me dijeron que no me tomara las cosas tan a pecho, que no se iba a acabar el mundo, que un día sin posteo no era para cortarse las venas, etc. Pues bien, he aquí el resultado de no postear religiosamente todos los días: de repente vi que es muy fácil dejar de postear un día, y luego otro y otro y otro. Empecé con que iba a estar fuera una semana, y eso se hizo dos semanas y luego tres y la verdad ni quiero ver la fecha del último posteo, porque me va a asustar.

Bien. Espero no volver a caer en ese círculo vicioso que es el no-posteo.

En mi ausencia blogueril, el disco duro de mi adorada iMac se descompuso. Un día medio se cortó la energía eléctrica, la computadora se me apagó (aún con un no-break) y cuando la encendí de nuevo no quiso. Intenté una vez más y reparé en un clic clic clic del disco duro. Mala señal. Unos intentos más y por fin arrancó. A partir de entonces no apagué la computadora y me quedé con el miedo del momento en que se me fuera la luz. Pasaron un par de semanas y lo inevitable -queridos servicios básicos mexicanos- sucedió: se fue la luz como por cuatro horas. Cuando quise encender la máquina me tomó como media hora de estar dándole al botón de encendido. A la intento n arrancó. El problema del disco duro era sólo el arranque. Una vez que lograba pasar el clic clic clic, el disco funcionaba normalmente. Pero déjenme decirles que vivir con el miedo al apagón no es vida. Compré un nuevo disco duro y tuve que enfrentarme a un miedo mayor: abrir mi Mac para instalarlo. El miedo venía principalmente de que no tenía idea de cómo cambiar un disco duro a una iMac. Por más que ame las macs y el Mac OS X y jijijí y jajajá, las computadoras de la manzanita no están hechas para que cualquier hijo de vecino las destripe y entripe otra vez. Aun así, me armé de valor y la abrí. Cuando uno se ha criado abriendo PCs, la Mac es una bestia muy diferente: delgadita, cinta metálica adhesiva en el interior, tornillos poco accesibles; todo eso para tener una computadora bonita por fuera. Y también lo es  por dentro, pero ¡ah, cómo es complicado abrirle las entrañas! Finalmente, después de unas tres horas de pasos en falso, pasos desandados y reandados y  de cuidar que el sudor no cayera en ningún componente electrónico, conseguí que mi Mac reconociera bien al nuevo disco duro. Formato al disco e instalé  Mac OS X. Ahora viene la segunda parte, que aunque menos estresante, es más tediosa: instalar todo el software que tenía en el otro disco duro y a ver si me acuerdo de las aplicaciones, porque eran muchas y no todas las usaba todos los días. De los datos no me preocupo tanto. Afortunadamente alcancé a respaldar casi todo.

Nueva vida.

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