En 1887 en Philadelphia, el Dr. Silas Weir Mitchell mandó a llevar una vida lo más doméstica posible a la escritora Charlotte Perkins Gilman por “cancansio nervioso” (que realmente era una depresión). Lo que Charlotte tenía que hacer era sólo descansar, estar en cama y no salir de su casa. Pero Charlotte descubrió que la cura empeoraba su depresión, así que decidió escribir un cuento para protestar al tratamiento al que el Dr. Mitchell era tan afecto.
El cuento se llama El papel de tapiz amarillo. Una mujer que acaba de tener un hijo, se obsesiona con el papel de tapiz de la casa en la que temporalmente vive. La “cura” del Dr. Michell la lleva por una espiral descendiente a la locura. Es una historia contada en primera persona y en forma de diario personal y es aterradora, no sólo por el tratamiento médico en sí, sino también por la condescendencia de parte de su marido por ser mujer.
Este papel de pared tiene una especie de dibujo secundario en otro color; es de lo más irritante, porque sólo se ve cuando la luz entra de según qué manera y ni siquiera así queda nítido.
Pero en las partes donde no se ha descolorido y donde da el sol así… veo una especie de figura extraña, provocadora, amorfa, algo que parece acechar por detrás de ese dibujo principal tan tonto y llamativo.
El texto completo en La máquina del tiempo, una revista de literatura.










