Entre más viejo, más llorón. Así soy. Antes difícilmente lloraba en una película, pero ahora es más fácil que se me humedezcan los ojos (pero no con las románticas). Es lógico. Entre más tiempo vive uno, la gama de experiencias es mayor y, en consecuencia, la identificación con situaciones en la pantalla es más probable. Pero hay otras veces, me sucede, que se me mojan los ojos no por tristeza, ni por alegría, sino simplemente de emoción. Eso me sucede casi exclusivamente con la música. My favorite things de John Coltrane y la batucada brasileira tienen ese efecto en mí.
La música de Tori Amos, aunque no me humedecen los ojos, tiene las notas que embonan en mis agujeros emocionales. No son sus letras, sino su música. La primera vez que escuché una canción de Tori Amos fue como si yo hubiera tenido el tema dentro de mí desde siempre, pero que no me había dado cuenta hasta que llegó ella para tocarlo.
En este video, Kim Yu-Na (campeona del mundo en 2009 en patinaje artístico) patina -creo- con la tema Scheherazade de Rimsky-Korsakov, pero le quitaron la música y la sustituyeron con Siren de Tori Amos. Una cosa es escribir música para un video, otra cosa es hacer un video para un tema musical y otra, que también requiere de habilidad, es sincronizar una música y un video que no tienen relación alguna.
A lo que iba con los dos primero párrafos es que la sección del video que va de 2:02 a 2:53 me mojó los ojos de pura emoción. Tanto la música como la danza son artes más o menos abstractas y la forma en que se funden Amos y Yu-Na en el video es excepcional.
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Muy buena combinacion
Y soy un llorón.