El fin de semana fui a ver El orfanato. No quería ir a verla porque me fastidia que pongan “Guillermo del Toro presenta”. Siento que eso la hace ver inferior y te manda señales de que hay que tener cuidado, que del Toro no dirigió la película. La produjo, pero no la dirigió. Cuidado, cuidado, cuidado.
Pero qué va -dije-, si Del Toro le dió la bendición, no debe ser tan mala. Error. Sí es mala. Es como una mala imitación de El espinazo del diablo o de El laberinto del fauno.
Lo que hace mala a la película son pequeños detalles que no entiendo cómo fue que los pasaron o que los actores aceptaron hacer. Eran cosas ridículas, pero que me deshicieron la experiencia de la historia. Empecé buscar “en que se equivocan” más que poner atención a la película, pero me fue inevitable. Cosas que ni a mí y a mis amiguitos se nos pasaban cuando hacíamos peliculitas con la Betamovie.
Si no la han visto, no voy a echarles a perder la película (que es sólo un decir), pero aquí están sólo algunas de las cosas que me parecieron absurdas o ridículas.
- La luz protectora del faro. El truco del reflejo, que hace la mamá, no convence ni a los Reyes Magos y eso está al principio de la película, mala señal. Ni caso tenía el cuento de la luz mágica, porque no vuelve a tocarse en el resto del film.
- Cuando Simón, el niño, le pregunta a la mamá “¿Cuántos años tienes?” y ella responde “37″. Ja, sí cómo no. Y yo soy Supercán sin cola. No entiendo por qué no decir 43 o 45, que es la edad que aparenta Belén Rueda. Además, al final de la película, si uno se pone a hacer cuentas, cuarenta y tantos años suena más lógico. ¿¡Pero 37?! Ya verán por qué.
- Los dibujos de Simón. Esos no son dibujos de un niño de qué, ¿cinco años? Se nota a leguas que es un dibujo hecho por un adulto (bueno para dibujar) intentando imitar el estilo de un niño pequeño (y malo para imitar).
¿Les costaba mucho poner al niño a hacer un dibujo? ¿Era el niño un pequeño divo que se negó a hacer el dibujo porque dijo “Yo vine a actuar, no a dibujar”?
- El peinado de la mamá cambia entre las escenas de la comida en el jardín y las del interior de la casa. Rulos, menos rulos, rulos, menos rulos. Peinado de salón, peinado de casa, peinado de salón, peinado de casa.
- La escena de la resucitación cardiopulmonar. Era mecánicamente imposible hacerla. Fíjense bien cuando la vean, no vayan a cerrar los ojos (y ese fue de los pocos sustos que no fueron un ruido fuerte).
- El hipnotizador diciendo “Voy a contar hasta diez: diez, nueve, ocho…”. Me sorprendió que ante una orden directa la hipnotizada no despertara inmediatamente. ¿Qué el muchacho que les llevaba el café al set de filmación no les dijo lo ridícula que era esa línea? ¿Los actores le tenían tanto miedo al director Bayona que no se atrevían a decirle las ridiculeces de la película? ¿El editor trabajó solito y nadie vió a tiempo que el cabello de Belén Rueda era tan sensible a la humedad del jardín?
Llegó un momento en que tenía vergüenza ajena. Vergüenza por Del Toro que se vió involucrado en esta película. ¿Qué no vio cómo la estaban haciéndo? ¿Por qué no les dijo nada?
Debo reconocer que el final, a pesar de la película, es bueno. Fue lo único. Los sustos: todos de portazos o ruidos fuertes y repentinos o visiones grotescas.
Mi recomendación: véanla hasta que la pasen por televisión.
Link: YouTube (trailer)
Cine | 10 Comments »