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Resultó ser que el día que fui a pagar mi adeudo a la compañía eléctrica, para mi sorpresa, fueron a reconectar mi servicio. Nunca suceden las cosas tan rápido en la burocracia. Pero hubo un detalle en el que fallaron -y muy feo-. Me voy para atrás unos días: cuando me cortaron la luz, se llevaron mi medidor. Cuando pagué (antier), fueron a reponerme el medidor para poder reconectar. La gente de la compañía de luz, en lugar de ver la dirección en el papelito del recontrato, preguntaron al guardia de la puerta por la persona que aparece en el recontrato. Debo decir que no es mi nombre, es el nombre de quien hizo el contrato originalmente. Esa persona vive en el mismo conjunto de edificios de departamentos. Es decir, hizo el contrato de luz del departamento donde vivo y luego se mudo a otro, pero dentro del mismo grupo de edificios. Así que los de la luz llegan al portón de entrada, le preguntan al guardia por Fulanita de Tal. El guardia ante pregunta tan directa los mandó al edificio donde esta persona vive actualmente. Los zombies que hacen las reconexiones quitaron el medidor de la señora Fulanita y le pusieron el mío (o el que se supone es el mío). En ningún momento vieron la dirección en la órden de reconexión, y tampoco repararon en que no iban a ser una sustitución, sino una instalación.

Ahora los afectados somos dos: doña Fulanita, que ni la debe ni la teme, y yo. Ella tiene un medidor que no le corresponde y yo sigo sin luz.

Seguiré peleando con la burocracia hasta que esto se arregle.

3 Responses to “De medidores y zombies.”

Que mulas… la verdad… es típico… :(

Eso suena a tomadura de pelo de la suerte.

Tengo tan mala suerte que si me siento en un pajar, me clavo la aguja.

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