Queridos lectores, si me han leído en los posts claves revelatorios de mi personalidad saben que una frase así, tan autoayudoide, nunca saldría de mis labios ni de mi teclado sin, mínimo, un poco de sarcasmo (si a alguien se le fue, me refiero al título de este pobre texto). Pero ayer estuve viendo por enésima vez la única película que me ha hecho salir de la sala de cine por miedo (porque la fui a ver en estreno y yoo era muy pequeño).
Como muestra de mi buena voluntad, de que la vida es bella y de la hermandad de los pueblos del mundo (incluyendo abogados, muy a mi pesar), les dejo una sonrisa de la película.

Olvidaba decir que es también la sonrisa del optimismo, solución a todos nuestros problemas. El pesimismo es un mal innecesario que aqueja a la humanidad, porque la gente no sabe que viendo la vida de forma positiva tendrá para comer mañana, para tener un techo y sentirte seguro. Es como magia, pero los pesimistas insisten en que no, que las cosas no son color de rosa. Pobres estúpidos, ellos solitos se buscan los problemas.
Basta de sarcasmo. Ya sé que van a decir los malos optimistas (que confunden realista con pesimista): “No, no. Estás equivocado. El optimismo es saber que las cosas pueden estar peor. Hay que dar gracias a [poner deidad preferida aquí]. Si estás en la mierda y piensas que estás en la mierda, estás jodido. Hay que estar en la mierda y pensar que estás en un lecho de rosas y que ya vendrá el día en que estés en un lecho de rosas, pero sin espinas.”
Saludos a todos los optimistas: los buenos (que argumentan bien) y los malos. Disculpen, pero no soy de su club. Ni de los unos ni de los otros.
Aprovecho el post para mandar a las dos personas restantes del mundo que no havan visto a los gatos que hablan (entre ellos) a verlos.



















