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Regreso a México. Toda la tarde de ayer la pasé empacando. En el proceso demoré más de lo que imaginé. Fue una cuestión de prueba y error: sacar y meter cosas hasta dar con la configuración que maximizara el aprovechamiento del espacio en las maletas. Durante los meses que estuve en Brasil no mudé mucho mis hábitos de compra y fui acumulando principalmente libros y revistas. Me doy cuenta de lo pesado que es el papel. Ahora tengo que pagar el precio.

Cuatro maletas repletas (sin contar la de la iBook), una mochila y un bolso de piel tipo Indiana Jones. Las maletas son las únicas que voy a documentar. Aún así, rebasaré los 20 kilos de equipaje permitidos como por 50 más, que tendré que pagar como adicionales (y no es barato). Pero qué puedo hacer. No me queda de otra. Mi miedo es que se despanzurren las maletas entre la carga y descarga del avión. Antes de documentar pasaré a uno de los puestos donde forran las maletas con plástico (desde que me robaron cigarros en Aeroméxico, no vuelvo a documentar sin pasar a forrar el equipaje).

Serán nueve horas de vuelo que me propongo dormir lo más que se pueda. Cruzo los dedos para que no me toque enfrente una persona reclinadora de asiento (es un tormento para mis rodillas), ni un acaparador de descansabrazos al lado, ni a alguien en el asiento de atrás a quien le apesten las patas (esa costumbrita de quitarse los zapatos). Tantas horas en un asiento pueden hacerse muy largas si los compañeros de viaje son los típicos “me importo yo, yo, y sólo yo”.

3 Responses to “Preparando el viaje de regreso.”

Con un poco de suerte te quedas dormido y no te enteras de nada, aunque son muchas para dormir pero entre un poquito de leer y otro poquito de dormir, en nada estas en casa.
Yo pensaba que cuando viajas los fines de semanas te ibas llevando algo para tu casa.
Un beso y ¡feliz viaje!

Yo soy de las que se sacan las zapatillas, pero siempre tengo el cuidado de que no me apesten los pies. Lo que pasa es que para viajar cómoda y dormir, apoyo los pies en el asiento, o me hago un bollo.

Sonia,

No podía viajar cada fin de semana. Y las veces que viajé sí llevaba cosas, pero al final se me acumularon bastantes.

Jaz,

Ya conque los pies no huelan no importa si se quitan los zapatos, pero vaya que hay gente no le importa.

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