El fin de semana pasé a un centro comercial (”chópin” le dicen aquí en Brasil) en donde hay tres librerías de tamaño considerable. Como siempre, nunca tengo planeado comprar nada. Si acaso uno o dos libros. Lo malo es que, curiosamente, en esas librerías el surtido de libros en inglés es bastante bueno. Digo “curiosamente” porque la gente aquí en Brasil no habla/lee mucho inglés (aunque tengan su portugués contaminadísimo de palabras en inglés, ya habrá un post sobre eso). En México tampoco es que cualquier persona agarre un libro en inglés y se ponga a leerlo, pero es más problable allá que aquí en Brasil. En México, los libros que traen en inglés no salen de ser novelitas rosas, policiacas, superación personal o código-da-vincis (y sus miles de derivados templarios, monalisos, sociedades-secretas).
Ante tal variedad de títulos no podía quedarme de brazos cruzados y comprar sólo un par de libros. Además, no compro libros en portugués a menos que hayan sido escritos originalmente en ese idioma. Sé que en México va a ser más difícil encontrar los libros en inglés que aquí tienen, si no es que imposible. Entonces, armado de una tarjeta de credito y sin carrito para poner los libros mientras compraba, entre las tres librerías me traje 20 libros, algunos en pasta dura (¡sí!) y otros en pasta suave (entre ellos “On the road” de Jack Kerouac y que -cuenta la leyenda- lo escribió en un solo rollo de papel).
El problema ahora es cómo voy a regresar con ellos a México. Tengo una maleta extra precisamente para llevarme libros y revistas, pero creo que no va a ser suficiente (debo sumar los otros libros que ya tengo aquí más estos que acabo de comprar). El papel pesa mucho y siempre termino pagando sobreequipaje cuando vuelo para México. Lo que haré es el transporte hormiga siempre que sea posible: cada vez que venga un compañero de México, le prepararé un paquetito con unos tres o cuatro libros bien envueltos y protegidos (la gente no cuida los libros, ni siquiera ajenos) para que me haga el favor de llevárselos. Tendré que llevar un control de quién se llevó qué para cuando regrese saber qué puertas tocar para recuperarlos. Pero después de comprar libros, siempre queda ese sentimiento de bienestar. La comezón no regresará sino hasta dentro de unas pocas semanas.











Es la plata mejor gastada digo yo.
Los libros, en mi opinión, son una de las cosas que nunca se pueden prestar, a menos que sea a alguien de muchísima confianza, porque sino nunca vuelven. Así perdí 1984, entre otros.
Left by jazlima on June 26th, 2007