Ayer, antes de la jugada de póquer con los amigos, pasé a comprar un café al controversial Starbucks, del que disfruto su café gracias a que soy un gran desconocedor de cafés. Pedí un caramel macchiato venti cuádruple, pues la noche es larga. He aprendido un poco de italiano en el local, aunque nada que me ayude a negociar en un encuentro con un ladro.
Era viernes y la niñada estaba en su apogeo, tuve que esperar mientras me preparaban mi bebida. Aproveché para ir al librero que tienen para la comunidad. Entre los libros usados, pero de edición reciente, había uno amarillento que llamó lascivamente mi atención. No recuerdo el título, pero era viejo. Lo tomé entre las manos y lo abrí, la página no importaba. Lo acerqué a mi nariz. Cierro los ojos e inhalo. Siglo pasado… años cuarenta… no, principios de los cincuenta… -inhalo más- no se ha leído en unos… 35 o 38 años, eso… pero hay un matiz más que no logro ubicar… lo tengo en la punta de la nariz.
“¡Sale caramel macchiato venti cuádruple!”
¡Me lleva! Estuve tan cerca, pero tan cerca… Suspiré con frustración. Cerré el libro y lo devolví a su estante. La chica que perparó el café me miraba sonriendo. Tomé el vaso de café y salí de mala gana. No iba a ser buena noche en el póquer.











Espero que te equivocaras y la noche fuera buena. Me encantan los libros viejos, tengo la sensacion de que tienen mas historia que la que hay entre sus paginas escritas.
Left by sonia on February 10th, 2007