Y todos los animales de la creación -evolutiva, claro- vivían en un perfecto equilibrio, adaptándose ellos a su ambiente y no lo contrario. Hasta que una especie de esos animales, el hombre, se hizo tan “inteligente” que empezó a adaptar el ambiente a sí mismo. La relación del hombre con los demás animales fue/es, tristemente en muchos casos, de crueldad y abuso, pero en otros fue una relación simbiótica, una alianza en la cual ellos le daban al hombre un servicio, y a su vez él los cuidaba y les proveía alimento (gatos, perros, caballos, vacas, etc.). El hombre, en su sabiduría, quiso que los animales fueran más parecidos a él, atropomorfizarlos hasta llegar a extremos como cortarle la cola y las orejas a los perros para que se vieran mejor a sus ojos de hombre. En otros casos la antopomorfización es menos radical, pero no por eso deja de ser ridícula: disfrazar a los animales. Aunque se vean graciosos, si tuvieran consciencia, seguramente estarían pasando una vergüenza terrible. Y denigrante cuando se trata de un espectáculo (como los elefantes del circo).
Igual, si el animal no sufre, para él es simplemente una incomodidad, pero ninguna necesidad hay de eso.
¿Que todo eso sólo sucede en mi cabeza? ¿Que a ellos -los animales-, mientras no les duela, ni les viene ni les va? Sí, es cierto, pero también qué necesidad hay de deleitarnos gratis a expensas de los animales. No creo que sea algo muy noble o para enorgullecerse.
¿Por qué ese gusto en vernos en los animales y encontrarlo gracioso? (sólo un ejemplo: chimpancés fumadores.)
Admito que, aunque muchos no, me hacen gracia algunos, pero al final me quedo con un sentimiento de culpa.
Link: We love pets
Por cierto, el collie de la dona en la mano es muy gracioso, pero el gato-pingüino (¿gatuino?) es un ultraje.











Y luego se extrañan de que algunos muerdan a sus amos.
Que carilla de resignacion tienen.
Left by sonia on January 30th, 2007